BARDOS Moradillo

29,95 IVA incl.

29 disponibles

Variedad: Tinta Fina (Tempranillo) y, en muy menor medida, Garnacha, Albillo Mayor, Bobal, Monastrell y Graciano.
Barrica: 12 meses en una tina de 5.000 litros de roble europeo.
Denominación: Ribera del Duero.
Formato: 75 cl.
Grado Alcohólico: 15º

Nota de Cata
Vista: Con capa muy alta, manifiesta tonalidades de cereza picota con ligeros matices oscuros de evolución en el ribete. Muestra una gran limpidez y brillo en la copa.
Nariz: De gran intensidad aromática, combina de forma muy elegante las notas de fruta madura con los matices del roble, destacando los tonos de cacao y chocolate negro. De fondo se aprecian también notas más complejas de piel de naranja y ciertas plantas aromáticas.
Boca: Manifiesta una gran estructura, aunque su entrada es dulce y amable. La potencia de la uva se ve reforzada por la interacción con el roble, generando así unas sensaciones de amplitud que se trasladan a lo largo de su paso por boca.
Maridaje: Aperitivo, Embutidos, Quesos curados, Quesos azules, Hamburguesas, Quesos blandos, Arroces
Temp. de Servicio: 16ºC.

Información adicional

Cuando, en 2004, comenzamos a explorar en busca de las regiones vitivinícolas con más potencial de
España, descubrimos el Páramo de Corcos, una zona difícil pero privilegiada para la viticultura, a más de
900 metros de altitud en el corazón de la Ribera del Duero. Allí, asumimos el reto de crear vinos
honestos con la tierra de la que proceden, buscando la esencia de unos viñedos de altura plenos de
frescura y elegancia.
Desde 2016, exploramos también otra zona desconocida, la Ribera soriana, donde nos encontramos
viñedos que cumplen con nuestras expectativas; suelos arcillo ferrosos, casi mil metros de altitud y una
frescura fuera de lo común.
En Bodegas Bardos elaboramos los vinos de forma artesanal, tratando de que sean el reflejo del paisaje
y el clima castellano, de un lugar en el que solo los más valientes se atreven a trabajar la tierra en las
condiciones más extremas, donde el frío encoge los huesos, el viento corta la carne y el sol abrasa la
piel. Un lugar solo apto para auténticos “bardos” del vino, nuestros viticultores.

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